domingo, 3 de junio de 2012

¿Abandonar el sacerdocio?


Pues estaba yo tranquilamente, después de comer, medio viendo el final de Kim (la aburridísima película basada en la novela homónima de Rudyard Kipling), cuando suena la campanita de mi BlackBerry que me avisa cada vez que recibo un nuevo email. Miro a ver qué es y……… una explosión de sangre, bombeada directamente del corazón a la cabeza me hizo levantarme a por una pastilla más de Enalapril para mi tensión. Lo que acababa de recibir era una nueva entrada del blog de alguien a quien aprecio de verdad (creo que hasta hoy no era realmente consciente de cuánto). Bueno, nada más leer el título, tengo la sensación de que hasta el caballo del polo que tengo puesto relinchó. Ahí va el título: “Abandono el sacerdocio”; así, tal cual. Justo cinco años después de ordenarse.

Aclararé que este sacerdote es, además, religioso en una antiquísima Orden de enseñanza; que está dotado de una inteligencia fuera de lo común, de un discurso sorprendentemente brillante, de un rarísimo don para la escritura y de una ironía que alcanza cotas donde apenas llega el oxígeno. Solamente nos hemos visto en una ocasión, en la que conoció a mi familia, pero esto de las redes y la comunicación vía email es tan curioso como para construir relaciones sólidas, cuando lo que se pone en las yemas de los dedos al teclear es el corazón; me siento unido a él, y es algo inmenso lo que comparto, la fe, amén de un cariño profundo por el Fundador de su Orden. Uno es así de raro, qué le voy a hacer. Un par de tweets, un par de whatsapp, y todo se centra.

Lo primero que se me pasó por la cabeza al leer el título y el primer párrafo no fue otra cosa que la lucha interior que debía haber llevado, el dolor y puede que la soledad hasta tomar esa decisión; me produjo una pena inmensa. No otra cosa. Mi aturdimiento inicial fue por eso, aunque a continuación, y ya que soy tan imaginativo, lo fui aderezando con el pesar de sus cohermanos y de la Iglesia, porque creo que es un gran activo. Pero insisto en que la cercanía me llevó de manera exclusiva al plano personal. Todo en a penas unos segundos. Finalmente diré que rezo para que esto no ocurra.

Pero me ha hecho reflexionar. Reflexionar sobre cuánto juzgamos sin ponernos en la piel del otro, sobre las soledades, sobre las “exigencias”, sobre las incomprensiones, sobre los esfuerzos, sobre los desvelos, sobre las ingratitudes, sobre las críticas. Focalizado en los sacerdotes. Porque no somos conscientes de que a nadie –a nadie- se le puede exigir un estado permanente de excelencia, ni siquiera de acierto, de sonrisa, de buen humor. No se puede pretender descargar de manera cuasi diaria nuestras miserias, nuestros problemas, nuestras frustraciones y esperar una actitud constante de empatía. Son hombres, se trata de hombres, de seres humanos con necesidades, con corazón y con una vida propia, por mucho que den su Vida en Cristo por todos y cada uno de nosotros; puede que de forma específica por algunos, pero por todos al fin y al cabo. Y los fieles nos mostramos demasiado a menudo como seres descarnadamente egoístas, exigentes y fríos. ¿Cuántas veces nos ofrecemos para arrimar el hombro? ¿Cuántas veces tratamos de colaborar? ¿Cuántas veces nos dirigimos a ellos simplemente como a un ser humano, como a un hermano más? ¿Cuántas veces sugerimos un café, una comida, una cena o un paseo por el simple hecho de vernos para alguna intranscendencia? ¿Cuántas veces nos mostramos dispuestos para ellos? ¿Cuántas veces somos simplemente otro –no digo ya un amigo-, nada más que alguien cercano?

¿Y si hubiera sido cierto? Recuerdo el comentario que alguien a quien quiero hizo un día de manera natural sobre cierto teólogo: “pero cuidado con ese, que se salió”. Ya entonces me pareció cruel, como si hubiera cometido un delito, sin parar a pensar en la lucha interna y en la soledad que habría sufrido para tomar esa decisión.

Yo al autor del blog le puse un whatsapp que acababa así: “en cualquier caso un abrazo enorme”. Y por aquí se lo reitero.

viernes, 1 de junio de 2012

¿Dónde queda la fe?


Esta mañana, en las noticias de un canal de televisión, he escuchado a un psicólogo familiar aconsejar a los supervivientes de tragedias como la ocurrida en Doha cómo sobrellevar y superar la situación.

A mi me ha impresionado especialmente porque podría haber estado allí; hace algún tiempo dije que no a una empresa de decoración Qatarí, aunque ya teníamos vista hasta la casa y el colegio para las niñas. Mis hijas podrían haber estado en la guardería de aquel Centro Comercial. Hubo algo, tras las negociaciones a través de una consultora internacional, que me impulsó a rechazar el traslado.

Que conste que yo no soy psicólogo ni nada parecido, que jamás he vivido nada semejante; simplemente soy un padre de familia que lucha junto a su mujer por sacar una la familia adelante, con una meta fijada, que sé que no está muy de moda, donde el centro de nuestra vida es algo tan claro y explícito como el Evangelio. No estamos solos, nos acompañan.

Los consejos que se manejaban eran exclusivamente apoyarse en la familia y en el trabajo. Dos pilares importantísimos. Pero mientras escuchaba, tenía la esperanza de que en algún momento hablara de la fe. Una mera ilusión; no lo hizo.

Lamentablemente conozco a unas cuantas personas bien cercanas que han perdido hijos y familiares de manera inesperada y trágica, y todos ellos lo han superado desde la fe. Por supuesto que queda el vacío, por supuesto que queda el dolor, por supuesto que un hijo es irreemplazable, pero la fe es lo que da sentido a nuestra vida, y creo que es la fe la única que nos sostiene y clarifica. Claro que con el apoyo de familia y amigos; también con la oración y el acompañamiento. Yo no hablo de evadirse ocupando el tiempo, hablo de asumir y centrar. Con la rabia, con el dolor y con el sufrimiento. Porque la fe en Cristo, en el Cristo Vivo, en el Resucitado, no es ni una ilusión ni algo irreal. A veces tengo la sensación de que cuando hablamos de acercar el Reino a la Tierra, de que cuando hablamos de que Dios está en nosotros y en el hermano, de que cuando hablamos de justicia sin Justicia, de que cuando hacemos solamente por hacer, de que cuando intentamos mejorar las condiciones de los más desfavorecidos solo por mejorarlas, muchos corren el riesgo de quedarse en eso, de quedarse aquí, de olvidar la transcendencia. A veces parece que cuando hablamos de ser felices la felicidad fuera la meta y no la consecuencia, una especie de hedonismo buenista, un materialismo buenista, un positivismo buenista, justificando casi cualquier cosa: ¿tú eres feliz? pues ya está.

Lo he visto de cerca, bien de cerca; alguna familia que perdió a todos sus hijos, otros solamente a uno; hijos desde los dos años  hasta los dieciocho. A todos los ha sostenido la fe, no como refugio psicológico, sino como experiencia vital real, con presencia real del Espíritu en sus vidas.

Sé que es muy fácil hablar cuando la experiencia no es propia, pero yo no lo entiendo sin la fe.

jueves, 31 de mayo de 2012

Las ofrendas de un joven


Me llegan noticias desde una red social de que un joven ha estado ofreciendo sus horas de estudio por una enferma que ya está en su casa, y no lo sabía. Bueno, pues no te preocupes, seguro que esas flores de mayo habrán ido a alguna otra; además, se muestran efectivas, que ya está sana.

Unos amigos, una familia al completo, me comentaron que están ofreciendo sus desvelos diarios hasta mediados de junio por la salud de otra persona -de un hermano-, el padre creo que hace algún sacrificio extra e incluso ha colgado su petición por él en May Feelings; desde que me lo dijeron yo también le dedico alguna oración (y si alguien lee esto y se anima bienvenidas serán, no me cabe duda).

Lo importante es que todo llega a lo Alto como el incienso, que genera comunión, que es agradable a Sus ojos y que alguien se beneficia seguro.

Personalmente me gustan mucho más este tipo de ofrendas que las promesas casi tipo chantaje.

Pero vuelvo a fijarme en el inicio: un joven que ofrece un sacrificio por alguien. Es que hay jóvenes raros, rarísimos. Que se divierten como todos, que lo pasan fatal como todos, que tienen los problemas y desvelos de su edad y además sufren con los demás, se preocupan por los demás, se sacrifican por los demás, se entregan a los demás. Su indignación produce Amor, es fruto del Amor, provoca Amor. Su acampada es la Acampada del Señor en sus corazones. Jóvenes que se mantienen bajo la mirada de Dios y que son un ejemplo para aquellos que están a su alrededor. Jóvenes que se cansan y sonríen; que se agotan y continúan; que se caen y se levantan. ¡Y son FELICES! ¡Pero qué raros son! Jóvenes que no están solos, que cuentan con la compañía de otros y son acompañados. Jóvenes que dan Vida con la suya.

Me quedo con estos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Carla Royo-Villanova y Miguel Aranguren con Casa Abierta


Tengo la suerte de poder decir lo orgulloso que me siento de mis amigos. Hoy de dos de manera concreta: Carla Royo-Villanova y Miguel Aranguren.

El próximo domingo 24 de junio, en los jardines del Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, tendrá lugar una Comida Solidaria, con mercadillo y rifa incluidos,  para recaudar fondos destinados  a financiar el proyecto CasAbierta (http://www.perpetuosocorro.org/madrid/casabierta.html#comsol12). Estará organizado por los Laicos Redentoristas y Asociación para la Solidaridad, la ONGd Redentorista.

No ha sido necesaria ni siquiera una llamada de teléfono, ni media explicación, ni una sola pregunta. Un simple mensaje a Carla y a Miguel a través de Facebook y la respuesta fue inmediata, clara y sin tapujos ni condiciones: sí. En el mensaje les pedía alguna aportación para la rifa. Pensé haber escrito que FB obró el milagro, o alguna necedad semejante, cuando lo realmente cierto es que su generosidad es innata, y gracias a ella podremos contar para la rifa también con productos de belleza de Carla Bulgaria Roses Beauty y con alguna novela del escritor Miguel Aranguren.

Cuando el pasado mes de septiembre, con motivo de ser galardonada por la FEDEPE con el premio “Mejor empresaria del año”, escribí una entrada (http://scalandoenfamilia.blogspot.com.es/2011/09/empresaria-del-ano.html ) en la que calificaba a Carla Royo-Villanova como “solidaria”, hubo gente que se sorprendió. Les respondí en privado. Eso me demostró que de los prejuicios nadie está libre, nadie, y lo equivocados y dañinos que pueden ser. Pues aquí lo tienen, una pequeña demostración, con su contribución de productos de belleza Carla Bulgaria Roses Beauty; una pequeña aportación a la lucha contra la explotación sexual, en este caso en Uruguay. Gracias Carla, porque granito a granito, muchas veces en silencio o en el anonimato, vas haciendo camino a un mundo mejor.

Del escritor Miguel Aranguren ¿qué podría decir? Un chaval que publicó su primera novela con 19 años y hoy es un renombrado escritor, periodista y articulista en diversos medios; “La hija del ministro”, “La sangre del pelícano”, “Monzón sobre Bombay” y un largo etcétera hasta su último gran éxito literario "El arca de la isla". Ni la cooperación internacional, ni el voluntariado para el desarrollo en el Tercer Mundo le son ajenos. Otro “SÍ” inmediato que contribuirá con alguna de sus novelas a este proyecto. Un hombre de corazón desmedido, clara y abiertamente comprometido; una familia con quien la mía scala hacia el mismo sito. Más que un amigo: alguien a quien me unen “lazos que vienen de lo alto” (http://vocacion.wordpress.com/2012/05/23/tengo-amigos-y-hermanos/).

Podría no ser objetivo con ninguno de los dos y dejarme llevar por el cariño, pero sus hechos hablan, su actitud marca, y sus pasos siembran el camino de huellas.

Dos amigos solidarios, cada uno con su granito de arena, posibilitando –junto a otros muchos- que el próximo 24 de junio todos podamos disfrutar en la Comida Solidaria y contribuir por el proyecto Casa Abierta. Y yo me siento orgulloso de ellos.


lunes, 28 de mayo de 2012

Veo Luz y Veo fe


Hoy he comenzado el día con una conversación que definiría como adorable, profunda, serena y reconfortante. Un casi imperceptible enrojecimiento súbito me hizo además sentir cercanía, comprensión e identificación; y lo sabe. Toda una alegría para mí haber vuelto a vernos, más teniendo en cuenta que el esfuerzo para esta persona ha sido casi sobrehumano, que le ha costado del cuatro de noviembre al veintiocho de mayo levantar la negativa a hablar conmigo; todo un gesto y toda una alegría, alegría de las de verdad. Me ha hecho comenzar el día con optimismo. 

Quizás por ese buen rollito constante mantenido durante la jornada, con la casa ya en silencio, me ha dado por releer algunas de las entradas del blog, desde la primera. Me ha gustado; me ha gustado lo que he visto. Es simplemente una bonita historia de fe tratando de recorrer un Camino. Veo subidones, rápidos, corrientes y un sólo soterradamente confesado y breve tiempo en barbecho que finalizó como el de todos los “fuertes débiles”. Una scalada hermosísima y feliz que ahora se encuentra en un sereno remanso de paz. Limitadamente sereno, porque eso es ya inevitablemente cuestión de carácter. Veo un camino recorrido con María y mis hijas, pero no solos; el acompañamiento de alguien especial ha sido –ES- fundamental. Veo a mucha más gente que nos sostiene y con la que realizamos la misma scalada. Veo una casi escandalosa falta de pudor por mi parte para hablar de mi Vida, para hablar de Dios; y me encanta. Veo Esperanza. Veo Pasión y ganas de contagiarla. Veo torpezas y veo aciertos. Veo a un Miura saliendo de toriles y hoy a un hombre inquieto; inquieto y sereno. Veo a un hombre que llegó a un lugar como un niño que da sus primeros pasos, con los brazos extendidos y allí le alzaron. Veo a un padre feliz, a un marido feliz, a una familia feliz y en una Familia feliz. Veo saltos con pértiga, piedras esquivadas, tambaleos y a un hombre erguido y ubicado. Veo una mano firme agarrando constantemente el piolet para continuar scalando sí o sí. Veo pasión, ilusión y tozudez. Veo a una Familia. Veo a un hermano. Veo Amor.

Veo Luz y veo fe. Me veo a mí. Le veo a Él.

domingo, 27 de mayo de 2012

Entra hasta el fondo del alma


Menudo fin de semana intenso. Un fin de semana extraordinario, que me ha brindado la oportunidad de darme cuenta de que soy un privilegiado, porque soy feliz, con una familia feliz, en un entorno feliz. Darse cuenta de ello es todo un lujo. Es un regalo, porque no hablo de una felicidad blandurria y facilona, no. Es una felicidad que también trae esfuerzo e incomprensiones súbitas y dolorosas, pero nadie dijo que fuera fácil. Así es la vida que he elegido y que camino de la mano de mi mujer y nuestras hijas; así es la vida.

El viernes por la noche, como locos preparando las cartulinas con los siete dones para la Vigilia del Arciprestazgo que tuvo lugar el sábado en PS. Cuatro horitas de sueño hasta el sábado, trabajo (lo que es en sí mismo una suerte) y a las tres de vuelta a casa donde María y las niñas casi habían terminado los dibujos y yo les eché una mano. La Vigilia fue una oración familiar, entrañable e intensa, como hacemos las cosas en mi Parroquia. Al finalizar, se repartieron galletas etiquetadas cada una con un don. A mi me tocó Inteligencia; ahí es nada… Y de manera espontánea, Mane, una amiga Catequista Sopeña me hizo un regalo con una frase de la Beata Dolores Sopeña y uno de los Frutos del Espíritu Santo, la Paciencia; ahí es nada… creo que Alguien me estaba susurrando algo.

Hoy domingo la homilía de la Eucaristía de nueve ha sido espectacular porque parecía que el sacerdote era una representación sonriente y viva de los siete dones; no voy a hablar más de ella, sólo que salí entusiasmado y contagiado. Ha sido además especial ya que hemos rezado por Damián Mª que era enviado a una misión en Honduras; el envío de cualquier misionero es siempre especial, pero para mí en ésta ocasión había un plus: Damián.

Pero justo antes de la misa de nueve, tuve una llamada sorprendente y un poco triste porque lo único que refleja es no conocer la Raíz de mi felicidad, de nuestra felicidad. Mientras escuchaba, me vinieron a la cabeza el don y el fruto que me habían regalado ayer, y traté de ponerlos en movimiento… Pero me ha servido para pedir también por quien me hizo la llamada, para que a los dos, como dice la secuencia de Pentecostés, …nos entre hasta el fondo del alma.

jueves, 24 de mayo de 2012

Amando


Gracias a mi horario laboral puedo comenzar la jornada, casi a diario, con la Eucaristía de 9 en PS. Hoy he llegado un pelín tarde, al inicio de la primera lectura. Cuando iba de camino una mujer se resbaló al cruzar la acera y traté de ayudarla. Había bastante gente, y solamente nos paramos dos. Nada grave, no le pasó nada, pero eso no lo supimos hasta que nos acercamos.

No me voy a fijar en el hecho de que hubo quienes pasaron de largo, sino en que yo me paré. No tiene ningún mérito, es algo natural y normal. Si ayer decía que una hermana de un grupo concreto de PS me dijo algo que me acercó a la realidad de que el Señor me ama, algo tan casual como un resbalón me ha hecho darme cuenta, de  nuevo, de que yo amo. Tampoco es ningún mérito, al contrario, lo veo como un regalo. Nada me resulta ajeno, y esto puede a veces complicar la vida. No me refiero solamente a amar a quienes conozco, a personas concretas con nombres y caras, hablo también de personas concretas con nombres y caras que desconozco.

Amar a mi gente es algo natural en principio, aunque confieso que en ocasiones me he preguntado, casi reprochado, cómo podía seguir amando -porque duele- a los indiferentes, a los que no me soportan y se ven obligados a tratarme y, más aún, a aquellos que consciente o inconscientemente me han hecho algún daño, que de todo hay. Pero uno es así, aprende a perdonar y continuar amando. El “problema” real me viene de los desconocidos, porque me hace tener que asumir mi propia pequeñez, mi debilidad, mi no saber cómo, mi no saber qué. Sé que en la vida diaria se contribuye desde lo nimio, desde la actitud, desde los simples gestos, pero también sé cómo siento que no me basta, y ese no llegar me abre un inmenso agujero en el estómago.

Esta mujer, que se dirigía al metro para ir a trabajar –y esto ya la hace afortunada-, nos miró y sonriendo agradecida dijo: “ojalá pudiera hacer algo por vosotros”. Bueno, devolviendo la sonrisa directamente a sus ojos la contesté: “Pues creo que puedes, hoy es María Reina Auxiliadora, acuérdate un poco de ella y rézale a la Virgen”. Me miró como quien tiene a un loco ante sí. Acertaba.

Al poco, entro en misa, y en el Evangelio escucho las Palabras de Jesús: “Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino por los que crean en mi por la palabra de ellos”.

De modo que no me queda sino agradecer cómo empiezo el día, amando.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Dios me ama


Hoy ha sido un día bastante redondo. Uno de esos días en los que, ya tranquilamente en casa, después del trabajo, con las pequeñas acostadas y mi mujer a mi lado, me doy cuenta de lo afortunado que soy. No porque las cosas hayan ido bien, que también, porque Dios me ama y soy plenamente consciente de ello. Darse cuenta de eso, en un día más o menos brillante, es bastante fácil; no es eso. Si es redondo del todo, lo es porque ha habido algo que me ha hecho recordar que cuando más consciente me he reconocido como una creatura verdaderamente amada por Dios ha sido cuando las cosas no han sido fáciles, cuando no iban bien, y de la mano de mi mujer, bajo la mirada del Señor me he mantenido erguido, firme, seguro y paso a paso en pos de su Luz entre las tinieblas del mundo.

Esta tarde, como cada miércoles, me he acercado a PS a recoger a mi niña a la salida de catequesis para la Primera Comunión. Mi niña ya es mayor y conoce bien el camino de vuelta a casa – de hecho es catequista y es mi mujer-, pero a mi me gusta ir allí, verla salir siempre sonriente por la puerta y pasar un tiempo charlando con gente amiga. Hoy, entre esas personas, había una especial que está atravesando momentos de preocupación y se mantiene firme en el Señor. Sus limpios ojos azules, mostraban un poco el cansancio y la preocupación, que yo comparto desde el cariño y la oración, por mucho más que la pertenencia común a un mismo grupo; ella y su marido, saben que nos tienen para lo que puedan necesitar. Su cara mostraba la firmeza de la fe y esa sonrisa casi permanente. Hemos hablado de más temas y, durante la conversación, algo concreto que ella me ha dicho ha reflejado abiertamente cómo me ama Dios, igual que le ama a ella incluso desde la cama de un hospital infantil.

Hoy María tenía una reunión allí, por lo que me volví solo, pidiendo por una niña pequeña y por sus padres. Ya en casa, acostando a mis hijas, todos lo hicimos juntos. Tras la cena, enciendo el ordenador, y me encuentro con un nuevo, acertado, alentador y extraordinario artículo en el blog de un amigo Escolapio –al que no nombro porque acabará dándome un capón- titulado “Tengo amigos y hermanos”. En él, en esa entrada, he podido ver de nuevo la tierna presencia del amor de Dios, porque me ha recordado que yo también tengo amigos y hermanos, y de éstos últimos destaco a dos –uno casado y con cuatro hijos y otro religioso- que me han sostenido como Su propia presencia en esos malos momentos, uno a quien estoy unido desde antes de dar mis primeros pasos, y otro a quien “me siento unido por lazos que vienen de lo alto”. Ojalá ambos lo leyeran y pudieran también reconocerme a mí.

Y ya para terminar, miro ahora a mi derecha, veo a María recostada junto a mí, y sólo puedo pensar: gracias Señor por saber que me amas.

martes, 22 de mayo de 2012

Fuertes débiles


No recuerdo cuándo ni dónde leí que en una entrevista Benedicto XVI dijo que hay tantos caminos para llegar a Dios como seres humanos. Quizás porque todos somos hechos a Su imagen, y cada persona ha de recorrer el suyo.

La condición humana es tan variopinta como lo son los individuos, de forma aislada y sumergidos en sus circunstancias concretas.

Hay fuertes alegres, risueños, y los hay de gesto serio, un tanto adusto e incapaces a veces de exteriorizar la alegría que sienten. Los hay bondadosos a flor de piel y los hay iracundos aunque su corazón albergue una bondad pura. Hay fuertes casi permanentes, y los hay que solamente lo parecen precisamente porque la bondad de su corazón, su sentido de responsabilidad no les da un respiro, no se permiten mostrar flaqueza ni duda para que éstas no arrastren a los demás. Hay fuertes acompañados, y los hay que sin terner esa suerte no se permiten mostrar ni un atisbo de soledad, ni un ápice de duda. Todos se mantienen hasta la extenuación interior, unos como una roca, otros casi de barro. Pero de estos fuertes que pueden correr el riesgo de derrumbarse, los hay que se sostienen en la fe entre sus miedos, conscientes precisamente de eso, de que no son roca, de que son barro en manos de un Alfarero; conscientes de que en algún lugar del mundo hay gente rezando porque ese Alfarero construya día a día una pieza bella.

Esa es la grandeza de esos fuertes débiles, que de su debilidad tratan de hacer fortaleza; que de sus dudas construyen respuestas; que de su soledad interna acaban encontrando la compañía de Quien todo lo alcanza. La grandeza de la debilidad que quiere ser fortaleza para los demás más que para uno mismo; la grandeza de que su debilidad es ánimo para otros; la grandeza de que su debilidad es seguridad para muchos; la grandeza de que la debilidad de sus soledad es compañía para otros.

Y mientras caminan ofreciendo manos, llegan a olvidarse de que también las buscan, porque les importa más ofrecer las suyas.

Esos fuertes, son en el fondo unos pobres humildes. Es su humildad, su debilidad, su falta de orgullo para mendigar, aunque lo hagan sin hacerse notar, lo que les hace fuertes. Porque lo que les hace fuertes no es otra cosa que su fe. Yo pido por ellos, porque en ocasiones los más fuertes pueden ser los más débiles; como pido por quienes oran por ellos y por quienes les niegan la mano.

domingo, 20 de mayo de 2012

Fraternidad Escolapia


El próximo sábado 26, durante la Vigilia de Pentecostés, en la Residencia Calasanz de Madrid, tendrá lugar la constitución de la Fraternidad Escolapia de la Tercera Demarcación. Me han invitado, y lo agradezco con la mirada de un niño que por primera vez oye hablar de Calasanz y el corazón de un hombre firme y ubicado, pero sencillamente les acompañaré desde la oración, con profunda y sincera alegría.

No es una acto banal, es una fiesta para la Orden Calasancia y para la Iglesia, porque constituye el compromiso (y bien sabe Dios que yo soy una persona de compromisos) público de cuarenta y nueve almas – personas individuales, matrimonios, familias, comunidades – de PERTENECIA y presencia. Es mucho más que un signo: serán reconocidos y aceptados por la Orden como presencia escolapia, como PORTADORES del CARISMA de las Escuelas Pías en el mundo. ENVIDIABLE.

Envidiable, que personas concretas –y no pienso solamente en los amigos que yo tengo entre ellos tanto laicos como religiosos- se sientan tan enamorados por un carisma de la Iglesia como para comprometerse públicamente; envidiable que tengan la oportunidad de que ese sentimiento –esa vocación real- se concrete y materialice, que puedan hacerlo; envidiable que una Orden que camina hacia los cuatrocientos años de historia se moje con los laicos, apueste por los laicos, comprenda, INVITE, anime, aliente, acoja a los laicos en su seno y los reconozca como portadores del mismo carisma.

Mi familia y yo estaremos con vosotros en la oración, y en mi corazón una familia en concreto –lo sabéis, mis casi homónimos- ahora que vais a materializar el gozo de la diferencia entre ESTAR y SER. El gozo del compromiso. El gozo de haberlo recibido y de ser acogidos. El gozo del reconocimiento. El gozo y la responsabilidad de SER presencia en el mundo de vuestro propio carisma.

¡Enhorabuena por estos cuarenta y nueve nuevos Escolapios!

sábado, 19 de mayo de 2012

El soplo del Espíritu me levantó del banco


Un 19 de mayo comenzó, sin saberlo, la scalada. No era el monte Horeb, pero me vino preparando para sentirle, escucharle y dejarme arrastrar. Tampoco había una zarza ardiendo. Sin embargo Él estaba ahí para hablarme. Era una capilla,  y escuché su Palabra (Hc 20, 28-38 y Jn 17, 11b-19). Tampoco apareció Moisés, pero el sacerdote con su homilía terminó por conseguir que me rindiera. Aún hoy, cierro los ojos y le oigo; eso es una gracia porque hace que no caiga al abismo, que desee continuar scalando. No era una zarza ardiendo, no, pero el calor de su fuego no se ha extinguido.

El Señor le prepara a uno incluso sin saberlo, y cuando te rescata desde abajo te coge de la mano y te sube a lo alto sin escalas y de manera súbita. Cuando eso ocurre no hay ni siquiera desconcierto ni aturdimiento, y el miedo inicial que te hace temblar se ve superado por un impulso desde tu debilidad que se convierte en fortaleza y en entrega, en abandono. A mi ese impulso, el soplo del Espíritu, me llevó, tal día como hoy, a encaminar mis pasos hacia la sacristía de PS y dirigirme a quien había celebrado la Eucaristía y predicado. Creo que fui realmente consciente de que había intercambiado a penas unas frases con él, de regreso a mi casa. Ni siquiera yo, que he perdido el pudor para hablar de mí mismo, soy capaz de contar cómo estaba cuando cerré la puerta. Tenía una semana por delante para prepararme para lo que fue mucho más que una larga, intensa y acogedora charla con aquel misionero. Un habitación acristalada que ya no volverá, y no éramos dos, porque el Señor estaba con nosotros a través de ese presbítero, y mi vida a Sus pies. Este hombre, abierto, dotado de una inteligencia singular y de un don de gentes que maneja con habilidad, me hizo pensar mucho en las vocaciones sacerdotales; más vale –pensaba- un solo sacerdote como él que setenta veces siete tibios, distantes, rígidos, displicentes, perezosos, ambiguos, desapegados; Dios sabe bien a quien llama y mejor a quien elije. Pero luego fui conociendo a muchos más como él, como grandes regalos envueltos con el papel de sus vidas, adornados con el lazo de su entrega y etiquetados con el carisma de San Alfonso. Y he tenido, tengo, la impagable suerte de conocer a más llamados que van preparándose o iniciándose en la preparación.

Yo no pretendía más, ni siquiera había planeado entrar en aquella sacristía, ni dirigirme a ese individuo a quien no había visto hasta entonces, aunque pareciera que le conozco desde el principio de los tiempos. Pero le buscaba a Él, con insistencia, sed y fe (porque “tener fe es andar en esta oscuridad, andar por una senda, ciertamente poco iluminada, con la confianza de que es la que me llevará al encuentro definitivo de Aquel que hemos intuido, rozado, sentido y que nos ha enloquecido” Romano Guardini). Quizás por eso he aprendido a no hacer planes, porque sean los que sean palidecen ante los que Él pueda tener para cada uno de nosotros. No pedí nada, no imaginé nada, no esperé nada. Pero a esa primera charla de un 26 de mayo se sucedieron otras, y ahora, mirando hacia atrás hasta aquel 19 veo un sendero marcado por el dedo de Dios que he ido recorriendo tomado de Su mano y la compañía de aquel Redentorista; con mis torpezas, con mis insistencias, con mis quejas, con mis tropezones, incluso con mis reproches, pero veo no sólo mis huellas; en el suelo, junto a las mías, resaltan las marcas de los pies de mi mujer y de otros cuatro diminutos que han ido haciéndose un poco más grandes pasito a paso. Y me veo como un hombre feliz, con una familia feliz y entre una Familia feliz. Confío en ser capaz de continuar de la mano de María, Toya y Paula por ese sendero.

No hubo pretensión de ningún tipo, y casi sin darme cuenta, como lo más natural, mis hijas lo adoran, mi mujer y yo le queremos, quizás por esa su Familia entre cuyos miembros los cuatro vamos creciendo.

Ha sido todo tan natural, tan normal que uno no se da cuenta sino cuando se para a recapacitar, por mucho que todo haya devenido de manera voluntaria, consciente y con una no pequeña dosis de persistencia –o más bien incómoda tozudez- por mi parte.

Aquí estoy hoy, dando gracias a Dios, sintiendo que aquella lectura (Tb 8, 5-7) que con tanta intención elegí para mi boda toma más sentido que nunca; o mejor, expande su dimensión, porque no nos conformamos con que bendigamos Su nombre por siempre, sino con ser Su instrumento. Hoy no solamente somos nosotros, porque nos bendijo con cuatro criaturas, dos decidió reservárselas para Sí, las otras dos son nuestra misión primera y juntos al servicio de lo que se nos pueda necesitar –si es que en algo podemos ser útiles- en la mejor Familia y rodeados de las mejores personas.

Y yo, que me veo muy de fechas y aniversarios, hoy mi Señor y mi Dios te doy gracias porque un día llamaras y eligieras a ese joven en concreto, lo pusieras en mi camino, me dispusieras a escucharle, lo hicieras "cauce de tu Agua de Vida para mí".

Feliz de ir scalando de Su mano en el camino de la Vida.